viernes, 3 de junio de 2011

Charcos de cristal

Ella buscaba a la joven que un día fue en varios puntos del espejo, aguardaba con paciencia que saliera a flote del cristal una sonrisa cómplice que la tranquilizara cuando la sacudían aquellos brotes de ansiedad que la paralizaban el pecho, desvencijado por los años de dictadura física autoinfligida.
Se acariciaba los rizos mientras recorrían en cascada su cuello de lápiz, también ellos habían perdido la fuerza que un día, hace ya muchos años, muchísimos, podía hacer detenerse a cualquier hombre. Combirtiendola en la dueña de sus propias banalidades diarias, que por aquellos días parecia ser su tesoro mas preciado. Custodiado por su avaricia y despotismo juvenil.
Ahora su belleza no era mas que el recuerdo de lo inefable oculto bajo las arenas del tiempo, hecho polvo, pasto del olvido y victima del silencio. Sus manos reflejaban un futuro incierto y se hacían eco de la delicadeza del viento que paseaba entre surcos inertes a expensas de la muerte. Sus ojos contenían las brasas de aquellos días ,pasto de las llamas, de la febril pasión juvenil, que inyectaba en sus finas venas la emoción por vivir. Sus parpados exhalaban por sus poros alientos de vitalidad que se perdían con el humo de sus recuerdos, obligandoles a deslizarse pesadamente, sin vida, sobre sus pómulos, negándose a admitir la realidad que la torturaba sin descanso, en el hastió de los desordenes mentales que suponen las cadenas que rasgan con paciencia su libertad.

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