El sendero de vuelta a casa se le antojaba interminable y retorcido, amenazado por siniestras vegetaciones que intuían cualquier desastre, encogiendole el aliento a cada zancada.
Susurros escondidos entre los matorrales se burlaban de su caminar acelerado, que difícil distinguir sonidos entre los gemidos que musita el alcohol por los recovecos de la mente. Las piedras del camino dibujaban huesudas figuras ,que afilaban los rasgos lóbregos del camino rocoso que le acompañaba a su casa, y proyectaban sobras que le perseguían asta el interior de sus dudas acosando el miedo que hervía en su interior, anunciando un geiser de locura y terror. Pero de que tenia miedo... ¿de las piedras?¿del quebrar de las ramas entre la espesura del bosque?¿ o de sus propios actos? Se arrastro haciendo eses con la ropa medio caída, insinuando su estado de embriaguez, hacia un claro donde la luna empapaba la naturaleza muerta de una luz plateada y un halo místico de todo lo que parece sacado de un sueño, o mas bien de una pesadilla.
El rechinar de los arboles abrió paso a una sacudida de movimientos forestales que escupieron una sombra cuya silueta no se percibía ni humana, sin forma, etérea, extrañamente reluciente, flotando sobre el suelo mientras se aproximaba silenciandolo todo salvo la respiración acelerada, la palpitante vibración de su pecho que sonaba como una cañería oxidada. Poco duro su agonia ya que un dolor punzante en la nuca le hizo perder el conocimiento, ahogándolo en una oscuridad eterna.
Habrían trascurrido minutos, quizás horas, cuando recupero la consciencia, entre la nubosidad de su pésima visión solo sentía una lluvia con olor a tierra que pesaba sobre su cuerpo, luego nada, todo desespareción sobre un peso asfixiante que termino con todo.
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