Níveas figuras sin vida la acosaban con la inexpresividad de sus ojos mientras colgaban desnudas de los bancos de la calle, reposando sus memorias con el culo sobre la madera carcomida y la pintura vomitando escarcha sobre su fría piel, ausente de las vibraciones de la vida nocturna.Como única distracción un bolso que hacia las veces de honda que, cual rey David, arremetía contra los morosos que amenazaban la pernoctidad de la oscuridad, su refugio en las tinieblas, de un horario sucio y mal pagado.
Arboles regados con sudor y sangre se imponían con una airada expresión sobre el cemento que sostenía los tacones de aguja de la mujer sin nombre y fecha, una diosa de lo trágico y lo vulgar.
Los autos ralentizaban su marcha mientras desgastaban con la vista la mercancía que no iban a comprar. "Por mirar de momento no cobro" rompía su garganta contra los cristales de los coches dirigiéndose a las sombras sin rostro que se revolvían dentro del coche, grabando mezquindades en las cortezas de los arboles.
Una noche mas, pensaba, sosteniendo un pitillo ducados entre sus carnosos labios. Agotada por la espera de un príncipe de estiércol y paralizada por el frío que mojaba el crepúsculo de los dioses.
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