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miércoles, 20 de julio de 2011

Media mirada que descompone el mundo

Cada vez que cerraba los ojos y me adentraba en aquel reino de oscuridad que suponía mi quietud mental, allí estaba, convertido en el rey de aquel mundo que un día fue mio, alimentando mis pesadillas con flashazos de sus zarpas ensangrentadas por todo cuanto me importaba en la vida, desollando todo aquello por lo que un día luche, hundiendo sus fauces en la carne de cuanto me rodeaba.
Jamas podre olvidar como se abría paso, con tanta facilidad, en la piel de sus victimas mientras estas dejaban la punta de sus dedos en carne viva, tratando de atrapar su vida contra las paredes de ladrillo, ralentizándose la imagen de sus uñas clavadas en la pared, llenas de sangre y piel muerta, caer cobre el cuero cabelludo sin vida de su antiguo dueño. Una dulce estampa de muerte, que se mezclaba con la sangre, ya no se de quien, que se esparcía sobre el parquet.
Aun me falta el aire cuando recuerdo como me obligaba a contener el aliento para no convertirme en un trozo de carne mas, sin identidad, con la huella de la muerte tatuada sobre cualquier parte de carne que quedara al descubierto. Masticaba mis lagrimas como si fuera un chicle Happident y me hundía la cabeza entre las rodillas, acallando los gritos que me acuchillaban el pecho. Pum, pum, pum. Sentía los latidos de mi corazón como un tambor en medio de un ritual aborigen, ensordeciendo mi escondite. Temía que me delatara, que las contracciones y dilataciones de mi corazón, las que me daban la vida, me la arrebatasen.
No recuerdo mas que vísceras y cuerpos defenestrados tirados sobre la habitación sin ningún tipo de humanidad. La ultima imagen que tengo antes de despertarme en el hospital es la de medio ojo encima de una mano muerta. Era azul. Y recuerdo que solo podía pensar en donde estaría  la otra mitad.

sábado, 4 de junio de 2011

Buried


Dudo un segundo, aguardo mentalmente a que sus pasos dejaran de embotonarle los oídos, esa escena le era familiar, pero como para darse cuenta. Se prometió no volver a pasar del quinto vaso de whisky, como siempre.
El sendero de vuelta a casa se le antojaba interminable y retorcido, amenazado por siniestras vegetaciones que intuían cualquier desastre, encogiendole el aliento a cada zancada. 
Susurros escondidos entre los matorrales se burlaban de su caminar acelerado, que difícil distinguir sonidos entre los gemidos que musita el alcohol por los recovecos de la mente. Las piedras del camino dibujaban huesudas figuras ,que afilaban los rasgos lóbregos del camino rocoso que le acompañaba a su casa, y proyectaban sobras que le perseguían asta el interior de sus dudas acosando el miedo que hervía en su interior, anunciando un geiser de locura y terror. Pero de que tenia miedo... ¿de las piedras?¿del quebrar de las ramas entre la espesura del bosque?¿ o de sus propios actos? Se arrastro haciendo eses con la ropa medio caída, insinuando su estado de embriaguez,  hacia un claro donde la luna empapaba la naturaleza muerta de una luz plateada y un halo místico de todo lo que parece sacado de un sueño, o mas bien de una pesadilla. 
El rechinar de los arboles abrió paso a una sacudida de movimientos forestales que escupieron una sombra cuya silueta no se percibía ni humana, sin forma, etérea, extrañamente reluciente, flotando sobre el suelo mientras se aproximaba silenciandolo todo salvo la respiración acelerada, la palpitante vibración de su pecho que sonaba como una cañería oxidada. 
Poco duro su agonia ya que un dolor punzante en la nuca le hizo perder el conocimiento, ahogándolo en una oscuridad eterna.
Habrían trascurrido minutos, quizás horas, cuando recupero la consciencia, entre la nubosidad de su pésima visión solo sentía una lluvia con olor a tierra que pesaba sobre su cuerpo, luego nada, todo desespareción sobre un peso asfixiante que termino con todo.