Siempre que sacaba los pies de la cama sentía calor, ya podía hacer el mas asfixiante calor o sufrir el mas helador de los inviernos que sus pies iban a arder al salir de la cama.
Había visitado médicos, psicólogos y a un centenar mas de especialistas que solo pretendían hincharla a narcóticos que funcionaban de placebos obviando sus problemas y ofreciendole unos golpecitos en el hombro.
Su problema estaba empezando ha afectar a su familia y amigos, quemados bajo la impotencia y el escepticismo de quien solo quiere que cierres el pico.
A medida que el problema se iba aparcando, las salidas nocturnas que efectuaban sus pinreles se caracterizaban por las circunferencias que el calor describía sobre la planta de los pies, difíciles de interpretar debido a los espacios de tiempo entre uno y otro.
Es difícil lidiar con los problemas mas cotidianos, ya que lo mas común se torna anormal bajo la atenta mirada de unos verdugos que se ocultan tras un capirote de hipocresía creando un muro entre ellos y su identidad, tan familiar y reconfortante como cualquier otra.
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