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martes, 19 de julio de 2011

Wake me up before you go go

No para de acosarme el ruido de unos tacones. Toc, toc toc. Todo el rato pisándome el animo, minandome la constancia y la moral de una forma como nunca antes me lo habían hecho, sintiéndome desprotegido, vulnerable. Todas las imágenes que creía conocer se desvanecen como el humo, retorciéndose y desdoblándose de forma que son inocuas a mis sentidos. Como pasa siempre, un día te despiertas con un brazo mas grande, la oreja izquierda o la constancia minada, los despertares son así, amargos, como un chupito de tequila reposado.
Te sangran los colores y se mojan los sonidos, como esa forma que no distingues por la noche, siempre es algo nuevo y fascinante, algo que te atrapa en un circulo vicioso de mares de tinta y bruma seca del que ni siquiera piensas en escapar. Algo a lo que te acostumbras, repitiendote que el remedio es peor que la emfermedad.

Ambientes tibios

Siempre que sacaba los pies de la cama sentía calor, ya podía hacer el mas asfixiante calor o sufrir el mas helador de los inviernos que sus pies iban a arder al salir de la cama.
 Había visitado médicos, psicólogos y a un centenar mas de especialistas que solo pretendían hincharla a narcóticos que funcionaban de placebos obviando sus problemas y ofreciendole unos golpecitos en el hombro.
Su problema estaba empezando ha afectar a su familia y amigos, quemados bajo la impotencia y el escepticismo de quien solo quiere que cierres el pico.
A medida que el problema se iba aparcando, las salidas nocturnas que efectuaban sus pinreles se caracterizaban por las circunferencias que el calor describía sobre la planta de los pies, difíciles de interpretar debido a los espacios de tiempo entre uno y otro.
Es difícil lidiar con los problemas mas cotidianos, ya que lo mas común se torna anormal bajo la atenta mirada de unos verdugos que se ocultan tras un capirote de hipocresía creando un muro entre ellos y su identidad, tan familiar y reconfortante como cualquier otra.