No para de acosarme el ruido de unos tacones. Toc, toc toc. Todo el rato pisándome el animo, minandome la constancia y la moral de una forma como nunca antes me lo habían hecho, sintiéndome desprotegido, vulnerable. Todas las imágenes que creía conocer se desvanecen como el humo, retorciéndose y desdoblándose de forma que son inocuas a mis sentidos. Como pasa siempre, un día te despiertas con un brazo mas grande, la oreja izquierda o la constancia minada, los despertares son así, amargos, como un chupito de tequila reposado.
Te sangran los colores y se mojan los sonidos, como esa forma que no distingues por la noche, siempre es algo nuevo y fascinante, algo que te atrapa en un circulo vicioso de mares de tinta y bruma seca del que ni siquiera piensas en escapar. Algo a lo que te acostumbras, repitiendote que el remedio es peor que la emfermedad.

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