miércoles, 20 de julio de 2011

Media mirada que descompone el mundo

Cada vez que cerraba los ojos y me adentraba en aquel reino de oscuridad que suponía mi quietud mental, allí estaba, convertido en el rey de aquel mundo que un día fue mio, alimentando mis pesadillas con flashazos de sus zarpas ensangrentadas por todo cuanto me importaba en la vida, desollando todo aquello por lo que un día luche, hundiendo sus fauces en la carne de cuanto me rodeaba.
Jamas podre olvidar como se abría paso, con tanta facilidad, en la piel de sus victimas mientras estas dejaban la punta de sus dedos en carne viva, tratando de atrapar su vida contra las paredes de ladrillo, ralentizándose la imagen de sus uñas clavadas en la pared, llenas de sangre y piel muerta, caer cobre el cuero cabelludo sin vida de su antiguo dueño. Una dulce estampa de muerte, que se mezclaba con la sangre, ya no se de quien, que se esparcía sobre el parquet.
Aun me falta el aire cuando recuerdo como me obligaba a contener el aliento para no convertirme en un trozo de carne mas, sin identidad, con la huella de la muerte tatuada sobre cualquier parte de carne que quedara al descubierto. Masticaba mis lagrimas como si fuera un chicle Happident y me hundía la cabeza entre las rodillas, acallando los gritos que me acuchillaban el pecho. Pum, pum, pum. Sentía los latidos de mi corazón como un tambor en medio de un ritual aborigen, ensordeciendo mi escondite. Temía que me delatara, que las contracciones y dilataciones de mi corazón, las que me daban la vida, me la arrebatasen.
No recuerdo mas que vísceras y cuerpos defenestrados tirados sobre la habitación sin ningún tipo de humanidad. La ultima imagen que tengo antes de despertarme en el hospital es la de medio ojo encima de una mano muerta. Era azul. Y recuerdo que solo podía pensar en donde estaría  la otra mitad.

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